Esta historia no tiene final feliz, es cierta y los invito con su lectura a reflexionar en el lugar en el que la vida los ha puesto. Espero no molestar a nadie al compartirles estas líneas, no doy nombres ni lugares concretos y creo que no estoy faltando a mi ética profesional al contarles en términos generales lo que sucedió.
Hace dos años Marco, de once (vamos a decir que es Marco) se escapó desde una ciudad de muy, pero muy lejos al sur de Chile porque su mamá lo maltrataba. como el protagonista de unos de los cuentos de "Corazón" de Edmundo de Amicis, llegó hasta el norte chico buscando a su papá a quien no veía hacía años, con la esperanza de poder integrarse a su grupo familiar. Finalmente después de mucho viajar y exponerse al hambre, frío, maleantes y todo aquello que te encuentras viajando solo por el país llegó hasta un campamento, en donde la gente vive sin luz, cocina con leña y el baño está debajo de cualquier piedra. Ahí se encontró a su papá, a un medio hermano recién nacido y a su madrastra.
Ésta resultó ser de las malas. (El papá tampoco se quedaba atrás) Y un día de tantos, no fue la primera vez, Marco recibió golpes y arañazos por parte de ella porque no se comió el pan duro y la taza de té del desayuno. El niño, que se portaba mal a veces, estaba cansado y adolorido del corazón y del cuerpecito y la mujer seguramente estaba harta de la miseria… pero ninguno fue capaz de entender que la ira es producto de su frustración y que ambos han heredado una serie de carencias afectivas y culturales.
Una vecina vio al niño moreteado y sangrando y lo llevó al Hospital. Ahí constataron lesiones y de inmediato le informaron a la Juez de Familia. La juez ordenó una investigación y citaron al papá, al niño y al abogado (esta su servidora) del niño para que representara sus derechos. Ese día el papá se presentó con el hermanito recién nacido, limpiecito, llevándolo en brazos y prometiendo hacer su mejor esfuerzo para “sacar adelante a Marco” quien hacía años que no iba al colegio. Con suerte sabía escribir su nombre.
Se hizo lo que el sistema puede hacer, ordenar que Marco y su familia fueran intervenidos por un programa de atención sicológica y social y se le ordenó al padre buscar colegio para el niño entre otras medidas.
Dos años después nada había cambiado, Marco fue víctima de maltrato. Con casi 14 años tiene un grado de educación de tercero básico; escapó, esta vez de la casa de su papá, y la policía lo encontró durmiendo en la playa abrigándose con los perros vagabundos.
Nuevamente llegamos a tribunales con el caso, por petición del niño quien pidió no volver a su casa, está viviendo en un hogar de menores… el papá volvió a llegar, esta vez acompañado de la madrastra, la bebé del juicio anterior, y oh sorpresa! Otro hijo recién nacido, una bebé preciosa, de unos cuantos meses.
Nuevamente hacemos lo que el sistema nos permite hacer. Marco tiene, entre otros profesionales, dos psicólogos, dos trabajadores sociales, una juez sumamente acuciosa con su trabajo, una abogado que representa sus derechos, una encargada de actas y una consejera técnica trabajando en su caso. Lo merece, lo necesita.
A la audiencia el papá entró con la ultima bebé de la familia, la acuna, la besa, pero esta pequeña resultó más inteligente que el bebé de la audiencia anterior y se pone morada llorando; resucitando técnicas de crianza ya olvidadas la tomo en brazos e intento calmarla, está mojada entera, no luce gordita como los bebés saludables que conozco y tiene hambre, chupa con desesperación mi dedo… con ese llanto denuncia y reclama porque seguramente la historia suya no será muy distinta de la de su hermano mayor. Probablemente le agreguemos embarazo adolescente, ojalá que no.
Termina el juicio, Marco se va en silencio y sin despedirse junto a sus guardadores, los "tíos" del hogar, son su familia y quienes le dan sentido de pertenencia, lo han matriculado en un colegio y le dan la atención psicológica que necesita; el papá de Marco deja el tribunal con su bebé, la que sigue llorando (la mamá desapareció apenas empezó el juicio) y está muy enojado porque un montón de gente se metió en su vida, le tomó la criatura que él llevaba para mostrar que era un papá cariñoso, le dijeron que su hijo no quería verlo, opinó y al final para rematar la abogado que les habla le llamó la atención porque todo el tiempo que duró la audiencia, y que su hija lloró de hambre, él tuvo la mamadera con leche caliente en la mochila que llevaba y no tuvo el tino de recordar que estaba ahí…
Esos amigos, son los verdaderos pobres de nuestro país. Pobres de espíritu, de mente y de recursos, ojalá que los vean con compasión y desde el lugar en donde ustedes estén les tiendan una mano para que ellos encuentren la manera de salir de su pobreza.
Hace dos años Marco, de once (vamos a decir que es Marco) se escapó desde una ciudad de muy, pero muy lejos al sur de Chile porque su mamá lo maltrataba. como el protagonista de unos de los cuentos de "Corazón" de Edmundo de Amicis, llegó hasta el norte chico buscando a su papá a quien no veía hacía años, con la esperanza de poder integrarse a su grupo familiar. Finalmente después de mucho viajar y exponerse al hambre, frío, maleantes y todo aquello que te encuentras viajando solo por el país llegó hasta un campamento, en donde la gente vive sin luz, cocina con leña y el baño está debajo de cualquier piedra. Ahí se encontró a su papá, a un medio hermano recién nacido y a su madrastra.
Ésta resultó ser de las malas. (El papá tampoco se quedaba atrás) Y un día de tantos, no fue la primera vez, Marco recibió golpes y arañazos por parte de ella porque no se comió el pan duro y la taza de té del desayuno. El niño, que se portaba mal a veces, estaba cansado y adolorido del corazón y del cuerpecito y la mujer seguramente estaba harta de la miseria… pero ninguno fue capaz de entender que la ira es producto de su frustración y que ambos han heredado una serie de carencias afectivas y culturales.
Una vecina vio al niño moreteado y sangrando y lo llevó al Hospital. Ahí constataron lesiones y de inmediato le informaron a la Juez de Familia. La juez ordenó una investigación y citaron al papá, al niño y al abogado (esta su servidora) del niño para que representara sus derechos. Ese día el papá se presentó con el hermanito recién nacido, limpiecito, llevándolo en brazos y prometiendo hacer su mejor esfuerzo para “sacar adelante a Marco” quien hacía años que no iba al colegio. Con suerte sabía escribir su nombre.
Se hizo lo que el sistema puede hacer, ordenar que Marco y su familia fueran intervenidos por un programa de atención sicológica y social y se le ordenó al padre buscar colegio para el niño entre otras medidas.
Dos años después nada había cambiado, Marco fue víctima de maltrato. Con casi 14 años tiene un grado de educación de tercero básico; escapó, esta vez de la casa de su papá, y la policía lo encontró durmiendo en la playa abrigándose con los perros vagabundos.
Nuevamente llegamos a tribunales con el caso, por petición del niño quien pidió no volver a su casa, está viviendo en un hogar de menores… el papá volvió a llegar, esta vez acompañado de la madrastra, la bebé del juicio anterior, y oh sorpresa! Otro hijo recién nacido, una bebé preciosa, de unos cuantos meses.
Nuevamente hacemos lo que el sistema nos permite hacer. Marco tiene, entre otros profesionales, dos psicólogos, dos trabajadores sociales, una juez sumamente acuciosa con su trabajo, una abogado que representa sus derechos, una encargada de actas y una consejera técnica trabajando en su caso. Lo merece, lo necesita.
A la audiencia el papá entró con la ultima bebé de la familia, la acuna, la besa, pero esta pequeña resultó más inteligente que el bebé de la audiencia anterior y se pone morada llorando; resucitando técnicas de crianza ya olvidadas la tomo en brazos e intento calmarla, está mojada entera, no luce gordita como los bebés saludables que conozco y tiene hambre, chupa con desesperación mi dedo… con ese llanto denuncia y reclama porque seguramente la historia suya no será muy distinta de la de su hermano mayor. Probablemente le agreguemos embarazo adolescente, ojalá que no.
Termina el juicio, Marco se va en silencio y sin despedirse junto a sus guardadores, los "tíos" del hogar, son su familia y quienes le dan sentido de pertenencia, lo han matriculado en un colegio y le dan la atención psicológica que necesita; el papá de Marco deja el tribunal con su bebé, la que sigue llorando (la mamá desapareció apenas empezó el juicio) y está muy enojado porque un montón de gente se metió en su vida, le tomó la criatura que él llevaba para mostrar que era un papá cariñoso, le dijeron que su hijo no quería verlo, opinó y al final para rematar la abogado que les habla le llamó la atención porque todo el tiempo que duró la audiencia, y que su hija lloró de hambre, él tuvo la mamadera con leche caliente en la mochila que llevaba y no tuvo el tino de recordar que estaba ahí…
Esos amigos, son los verdaderos pobres de nuestro país. Pobres de espíritu, de mente y de recursos, ojalá que los vean con compasión y desde el lugar en donde ustedes estén les tiendan una mano para que ellos encuentren la manera de salir de su pobreza.
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